Tener dinero no es lo mismo que tener patrimonio

Durante mucho tiempo es fácil medir nuestra situación económica de una forma muy sencilla: mirar cuánto dinero tenemos en la cuenta.

Si hay dinero, parece que vamos bien.

Si empieza a desaparecer, parece que vamos mal.

El problema es que el saldo de una cuenta bancaria solo enseña una pequeña parte de la fotografía.

Tener dinero y tener patrimonio son dos cosas diferentes.

El dinero es solo una pieza

Imagina dos personas que tienen exactamente 10.000 euros disponibles.

La primera tiene esos 10.000 euros, pero también varios préstamos, pagos pendientes y gastos mensuales elevados.

La segunda tiene los mismos 10.000 euros, no tiene deudas importantes, mantiene sus gastos bajo control y además posee otros activos.

El número que aparece en la cuenta bancaria es idéntico. Su situación financiera no tiene prácticamente nada que ver.

Por eso, conforme pasa el tiempo, me parece cada vez menos útil preguntarse solamente:

¿Cuánto dinero tengo?

La pregunta interesante es otra:

¿Qué estoy construyendo con el dinero que pasa por mis manos?

Coche en una carretera de montaña como símbolo de recorrido, decisiones y construcción de patrimonio
Tener cosas y construir patrimonio no siempre son la misma cosa.

Qué es el patrimonio y cómo se calcula

De una manera muy sencilla, el patrimonio neto es el valor de todo lo que tienes menos todo lo que debes.

Patrimonio neto = activos − deudas.

Entre los activos pueden estar el dinero de tus cuentas, inversiones, inmuebles, negocios y otros bienes que tengan un valor real.

En el otro lado están las deudas: préstamos, créditos, financiación pendiente y otras obligaciones económicas.

Por ejemplo, alguien podría tener 10.000 euros en el banco, 20.000 euros en inversiones y bienes valorados en otros 30.000 euros. Sus activos sumarían 60.000 euros.

Si al mismo tiempo debe 15.000 euros, su patrimonio neto sería de 45.000 euros. Los 10.000 euros que ve en su cuenta siguen siendo importantes, pero no describen por sí solos su situación económica.

No hace falta convertir la vida en una hoja de cálculo, pero entender esta diferencia cambia bastante la forma de mirar el dinero.

Puedes ganar mucho y construir poco patrimonio.

Y también puedes tener unos ingresos normales y, durante años, ir construyendo lentamente una posición financiera cada vez más sólida.

Ingresos altos tampoco significan patrimonio

Este es probablemente uno de los errores más fáciles de cometer.

Cuando los ingresos aumentan, también es muy fácil que aumente el nivel de vida.

Mejor coche. Más compras. Más suscripciones. Más proyectos. Más gastos pequeños que individualmente parecen irrelevantes.

Desde fuera puede parecer que una persona está progresando económicamente.

Pero si prácticamente todo lo que entra vuelve a salir, lo que está creciendo es el consumo, no necesariamente el patrimonio.

No importa solamente cuánto dinero ganas. Importa cuánto consigues conservar y qué haces después con él.

Hay cosas que poseemos que también cuestan dinero

Aquí los coches son un ejemplo perfecto.

Un coche tiene un valor y, por tanto, puede formar parte de nuestro patrimonio. Pero al mismo tiempo necesita seguro, mantenimiento, impuestos, reparaciones, combustible y espacio.

Y cuanto más antiguo o más especial es el coche, más difícil puede ser calcular cuál será realmente su coste durante los próximos años.

Es algo que se ve mucho mejor cuando se suman todos esos gastos. En cuánto cuesta realmente tener varios coches hice precisamente ese ejercicio: separar el valor de los coches del dinero que cuesta mantenerlos.

Esto no significa que comprar un coche sea una mala decisión.

Significa simplemente que no deberíamos confundir tener cosas con estar construyendo riqueza.

Algunas cosas las compramos porque nos gustan. Y no pasa absolutamente nada.

El problema aparece cuando las justificamos como patrimonio simplemente porque todavía tienen algún valor de reventa.

La liquidez también forma parte de una buena situación financiera

En el extremo contrario también podemos equivocarnos.

Invertir absolutamente todo para intentar maximizar el rendimiento puede dejarnos con un patrimonio aparentemente mayor, pero sin capacidad de reacción ante un problema.

Por eso considero importante mantener una cantidad de dinero disponible.

No está ahí para conseguir la máxima rentabilidad.

Está ahí para comprar margen de maniobra.

Es precisamente la idea que desarrollaba en cuánto dinero necesitas para empezar a sentir tranquilidad .

Un colchón no es dinero desperdiciado. Es una parte defensiva del patrimonio.

Primero proteger, después construir

Cada vez me convence más un orden bastante sencillo.

Primero conseguir que un imprevisto normal no destruya tus finanzas.

Después reducir aquellas obligaciones que te restan capacidad de maniobra.

Y finalmente empezar a acumular activos a largo plazo.

No tiene por qué hacerse todo de golpe.

El patrimonio normalmente no se construye con una decisión espectacular. Se construye con muchas decisiones relativamente aburridas repetidas durante años.

El patrimonio compra opciones

Hay una razón por la que me interesa cada vez más este concepto y no solamente la cantidad de dinero disponible.

El patrimonio no sirve únicamente para ser más rico.

Sirve para tener más opciones.

Poder afrontar un gasto inesperado.

Poder rechazar una mala oportunidad.

Poder esperar.

Poder cambiar de dirección.

Poder tomar determinadas decisiones sin que el dinero sea siempre la primera y única condición.

El patrimonio no solo acumula valor. También acumula libertad de decisión.

Una medida mucho más interesante

Mirar el saldo de la cuenta seguirá siendo útil.

Pero estoy intentando observar otra cifra con más atención: cómo evoluciona mi posición total con el paso del tiempo.

Dinero disponible. Activos. Inversiones. Bienes. Deudas. Gastos que he conseguido eliminar.

No necesito que todos los meses sean mejores que el anterior.

Lo que quiero es que, mirando varios años hacia atrás, la dirección sea evidente.

La pregunta que merece la pena hacerse

Dentro de cinco años probablemente habrán pasado por nuestras manos decenas de miles de euros.

La cuestión no es únicamente cuánto habremos ganado.

La cuestión es cuánto de todo ese dinero seguirá formando parte de nuestra vida en forma de ahorro, activos o posibilidades.

Porque el dinero entra y sale.

El objetivo debería ser conseguir que una parte se quede y empiece a construir algo.

Tener dinero te permite gastar.

Tener patrimonio te permite elegir.

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