Hay días de los que no recuerdas todos los detalles, pero sí recuerdas perfectamente la sensación.
Para mí, el 11 de septiembre de 2001 es uno de ellos.
Han pasado 25 años.
Y cuando pienso en aquel día no recuerdo grandes reflexiones ni haber entendido inmediatamente la importancia de lo que estaba ocurriendo.
Más bien recuerdo todo lo contrario.
Recuerdo el desconcierto.
Yo estaba empezando
En aquella época estaba haciendo las prácticas de un curso de programación en una empresa de electrónica.
Estaba dando mis primeros pasos en el mundo profesional.
Tenía ganas de aprender, de trabajar y de encontrar mi sitio.
No tenía una empresa. No llevaba años trabajando. No tenía detrás toda la experiencia que llegaría después.
Era simplemente alguien que estaba empezando.
Y aquel día fui a hacer mis prácticas como cualquier otro día.
La primera noticia llegó por la radio
Así es como lo recuerdo.
No había redes sociales. No llevábamos en el bolsillo un teléfono recibiendo vídeos, notificaciones y titulares cada pocos segundos.
Nosotros nos enteramos por la radio.
Había ocurrido algo en Nueva York.
Y al principio había, sobre todo, desconocimiento.
La gente estaba sorprendida. Intentábamos entender qué estaba pasando con la poca información que iba llegando.
No recuerdo que ninguno de nosotros tuviera una explicación especialmente brillante.
Más bien recuerdo a todo el mundo flipando.
Y creo que eso describe bastante bien aquel momento.
Después vimos el segundo avión
Hay una imagen de aquel día que no necesita demasiada explicación.
El segundo avión.
Millones de personas vimos aquellas imágenes prácticamente al mismo tiempo.
Yo también.
Y esa es probablemente la imagen que más claramente recuerdo 25 años después.
Hasta entonces todavía intentábamos entender qué estaba ocurriendo.
Aquella imagen cambió la percepción de todo.
Ya no parecía simplemente una noticia extraña que llegaba desde el otro lado del mundo.
Estábamos viendo algo enorme y todavía no sabíamos hasta qué punto.
Vimos lo que estaba ocurriendo. Entender lo que significaba llevaría bastante más tiempo.
Aquel día ya no hubo otro tema
A partir de ahí, todo giró alrededor de la noticia.
La radio. La televisión. Las conversaciones.
Cada nueva información parecía hacer todavía más difícil asimilar lo que estaba ocurriendo.
Y aquí mis recuerdos empiezan a ser menos precisos.
Después de tantos años no sabría reconstruir cada hora de aquel día ni quiero rellenar con imaginación los huecos que ya no recuerdo.
Pero sí recuerdo la sensación.
Estábamos viendo algo importante.
Y sabíamos muchísimo menos de lo que creíamos.
25 años cambian mucho la perspectiva
Quizá esto sea lo que más me interesa al recordar aquel día ahora.
No solamente lo que ocurrió.
Sino la enorme diferencia que existe entre vivir un acontecimiento y observarlo muchos años después.
Cuando algo está ocurriendo, queremos entenderlo inmediatamente.
Recibimos una imagen. Una noticia. Una explicación. Otra que contradice a la anterior.
Y con muy pocos datos empezamos a construir nuestra opinión.
Yo también lo hago.
Probablemente todos lo hacemos.
El problema es que la historia no viene con las conclusiones escritas al final de la página.
Nosotros solo estábamos viendo el principio
Aquel 11 de septiembre nadie podía mirar 25 años hacia delante.
Nosotros veíamos imágenes en una televisión.
No veíamos todavía todas las consecuencias que vendrían después.
Las guerras. Los cambios políticos. Las nuevas medidas de seguridad. Una forma diferente de viajar. El miedo. Las decisiones tomadas durante los años siguientes.
Todo eso forma hoy parte del contexto con el que observamos el 11-S.
Pero aquel día ese contexto todavía no existía.
La retrospectiva tiene una ventaja enorme: conocemos consecuencias que eran imposibles de conocer cuando todo estaba empezando.
Y eso no solamente sirve para hablar del 11-S
Veinticinco años después, esta es quizá la reflexión con la que me quedo.
Ahora tenemos acceso a mucha más información y muchísimo más rápido que entonces.
Pero tener más información no significa necesariamente tener más perspectiva.
Seguimos intentando comprender acontecimientos enormes mientras están sucediendo.
Seguimos opinando antes de conocer todas las piezas.
Y seguimos descubriendo años después que algunas cosas eran bastante más complejas de lo que parecían en aquel momento.
Yo intento acordarme de eso también cuando observo lo que ocurre ahora.
No porque crea que haya que desconfiar de todo.
Simplemente porque sé que puedo estar viendo solamente una parte.
De aquel joven recuerdo sobre todo las ganas
También me resulta curioso mirar hacia atrás por una razón mucho más personal.
Aquel día yo estaba haciendo unas prácticas.
Estaba empezando mi vida profesional y tenía muchísimas más ganas que experiencia.
No sabía dónde terminaría trabajando.
No sabía las decisiones que tomaría después.
Ni podía imaginar muchas de las cosas que terminarían ocurriendo durante los siguientes 25 años.
Y supongo que eso también es perspectiva.
Mirar hacia atrás y darte cuenta de que, mientras intentabas entender lo que estaba ocurriendo en el mundo, tampoco tenías ni idea de cómo iba a cambiar tu propia vida.
No recuerdo cada detalle del 11 de septiembre de 2001.
Recuerdo una radio.
Recuerdo a la gente intentando entender qué estaba pasando.
Recuerdo el segundo avión.
Y recuerdo que desde aquel momento ya no se habló prácticamente de otra cosa.
Veinticinco años después, quizá lo que más valoro es poder mirar aquel día con algo que entonces ninguno teníamos: perspectiva.
Porque cuando estamos viviendo la historia tenemos imágenes, opiniones y muchas preguntas.
Los datos completos casi siempre llegan después.