No he dejado de comprar cosas después de los 40. He dejado de comprar muchas cosas sin pensar.
La diferencia parece pequeña, pero para mí ha cambiado bastante la manera de gastar.
Antes era mucho más fácil justificar una compra porque estaba barata, porque podía ser útil, porque algún día quizá la necesitara o simplemente porque me apetecía.
Ahora me cuesta menos dejar pasar una oportunidad. Y curiosamente eso me da bastante más tranquilidad que comprarla.
No se trata de dejar de gastar. Se trata de dejar de acumular decisiones que después ocupan dinero, espacio y cabeza.
He dejado de comprar por si acaso
Durante muchos años el “por si acaso” me pareció una razón perfectamente válida para comprar algo.
Una herramienta que quizá algún día hiciera falta. Un accesorio barato. Una pieza. Algo que estaba de oferta. Algo que podía tener utilidad más adelante.
El problema es que cuando repites ese razonamiento suficientes veces terminas rodeado de cosas que llevan años esperando ese hipotético momento en el que resultarán imprescindibles.
Algunas veces llega. Muchas otras no.
Ahora intento darle la vuelta a la pregunta:
Si mañana necesitara esto de verdad, ¿sería tan difícil comprarlo entonces?
Muchas veces la respuesta es no. Y en ese caso prefiero conservar el dinero y el espacio.
He dejado de comprar cosas solo porque están baratas
Esta probablemente sea una de las trampas que más dinero me ha costado con los años.
Ver algo barato y pensar que, precisamente por estar barato, comprarlo es una buena decisión.
Pero una cosa que no necesitas sigue siendo cara aunque tenga un descuento enorme.
Esto se ve muy claramente en los coches, pero ocurre prácticamente con todo.
Una oportunidad no deja de consumir dinero solo porque el precio de entrada fuera bajo.
Ya escribí sobre esto hablando de las compras pequeñas que terminan costando miles de euros .
No son necesariamente las grandes decisiones las que desordenan unas finanzas. Muchas veces son cientos de pequeñas decisiones que nunca parecieron importantes.
He dejado de comprar proyectos
Esta ha sido una de las más difíciles.
A mí me gusta ver posibilidades.
Un coche que se puede arreglar. Una herramienta que permitiría hacer algo nuevo. Una idea que podría convertirse en un proyecto. Un objeto al que aparentemente solo le falta un poco de tiempo.
El problema es que el tiempo también tiene un límite.
Puedes tener diez proyectos baratos y descubrir que lo realmente caro era disponer de tiempo para terminar los diez.
Por eso cada vez intento aplicar más una idea que también he aprendido con los coches:
Que algo pueda arreglarse no significa que yo tenga que arreglarlo.
Lo mismo ocurre con cualquier proyecto.
Algunas oportunidades merecen ser aprovechadas. Otras merecen simplemente que las dejes pasar.
He dejado de comprar duplicados
A veces no acumulamos porque compremos cosas completamente nuevas. Acumulamos porque compramos distintas versiones de lo mismo.
Otro cargador. Otra mochila. Otra herramienta que hace casi exactamente lo mismo. Otro par de zapatillas. Otro dispositivo.
Por separado no parece importante. Pero sumado durante años termina ocupando una cantidad absurda de espacio.
Ahora intento utilizar lo que ya tengo hasta que realmente necesito sustituirlo.
No siempre lo consigo. Pero simplemente hacerme esa pregunta antes de comprar ya evita bastantes cosas.
He dejado de comprar pensando en una versión futura de mí
Esta es curiosa.
Compramos muchas cosas pensando en la persona que creemos que vamos a ser.
Equipamiento para una afición que todavía no tenemos. Ropa para una situación que apenas ocurre. Herramientas para trabajos que quizá nunca hagamos. Aparatos que deberían ayudarnos a crear hábitos que todavía no existen.
Comprar algo puede producir durante unos minutos la sensación de que ya has empezado.
Pero comprar las zapatillas no significa que vayas a correr. Comprar una cámara no significa que vayas a crear contenido. Comprar herramientas tampoco significa que vayas a terminar el proyecto.
Cada vez intento construir primero el hábito y comprar después la herramienta.
He empezado a valorar más el espacio vacío
Hace años probablemente habría visto un hueco libre como espacio disponible para guardar algo.
Ahora empiezo a verlo simplemente como espacio.
Y tiene valor.
Una habitación con menos cosas es más fácil de ordenar. Un garaje con espacio permite trabajar mejor. Tener menos objetos significa recordar menos cosas pendientes.
No me he convertido en minimalista. Ni creo que lo haga.
Me gustan demasiado los coches, las herramientas y demasiadas cosas poco minimalistas para eso.
Pero sí he empezado a entender que tener demasiadas cosas termina costando más que dinero .
También he dejado de perseguir la compra perfecta
Otra forma de gastar dinero es mejorar constantemente algo que ya funcionaba.
Cambiar un producto correcto por otro ligeramente mejor. Después por otro todavía mejor. Y repetir el proceso porque siempre aparece una versión superior.
Hay cosas donde merece la pena pagar por calidad. Pero también existe un punto en el que suficiente es suficiente.
Cada vez me interesa más llegar a ese punto y quedarme ahí.
No quiero dejar de disfrutar del dinero
Todo esto podría sonar a vivir contando cada euro. No es la idea.
De hecho, quiero exactamente lo contrario.
Prefiero gastar más dinero en algo que realmente quiero y voy a disfrutar que repartirlo entre veinte cosas mediocres que terminarán olvidadas.
Ahorrar no debería consistir únicamente en gastar menos. También puede consistir en gastar mejor.
No quiero tener menos cosas porque sí. Quiero que las cosas que tengo merezcan el dinero, el espacio y el tiempo que ocupan.
Después de los 40 empiezo a comprar de otra manera
No sé si tiene que ver exactamente con la edad o simplemente con haber acumulado suficientes errores, objetos y proyectos durante años.
Pero ahora una compra tiene que competir con algo que antes valoraba mucho menos: la tranquilidad de no comprarla.
A veces gana la compra.
Y cuando realmente quiero algo, sigo disfrutando comprándolo.
Pero otras muchas veces prefiero quedarme exactamente como estaba.
Quizá eso sea lo que más ha cambiado. Antes tenía que encontrar razones para no comprar. Ahora muchas veces necesito encontrar una buena razón para hacerlo.
Y cada vez hay menos ofertas capaces de competir con tener menos cosas pendientes.