Mi coche de uso diario es un Volkswagen Golf Cabrio de 1999. Es ruidoso, gasta bastante y está bastante deteriorado. Además, es mi único coche de gasolina.
Y aun así, es el que más sentido tiene para mí donde vivo ahora.
Durante años fui muy de TDI, y sigo teniendo varios. Pero ahora vivo en Canarias, en una isla, y eso cambia bastante lo que necesito de un coche.
Qué necesita un coche diario en una isla
Una de las cosas que más condiciona la elección de coche es imaginar usos que casi nunca tenemos.
Yo ya no necesito un coche para cruzarme España. Si hago un viaje largo, buena parte del recorrido la hago dentro de un barco, y si es realmente largo, voy en avión.
Así que no necesito:
- que sea silencioso a 140 km/h durante seis horas;
- un consumo extraordinariamente bajo en autopista;
- un maletero enorme para vacaciones.
Necesito algo mucho más sencillo: que funcione aquí.
Un descapotable en Canarias tiene sentido
El clima ayuda. Aquí puedes usar un descapotable buena parte del año, no solo cuatro fines de semana de verano.
Bajar la capota deja de ser un evento y pasa a ser algo que puedo hacer cualquier tarde. Eso, para mí, tiene valor.
No convierte el coche en algo sofisticado. Todo lo contrario: es viejo, sencillo y tiene muchos defectos. Pero sigo teniendo esa sensación que siempre me gustó de los cabrios clásicos de Volkswagen.
En Canarias siempre termino con un cabrio
Mientras buscaba fotos para este artículo me di cuenta de algo que había pasado por alto: el Golf no es mi primer cabrio aquí.
En 2020 compré un Volkswagen New Beetle Cabrio y lo usé durante varios años en Canarias.
Cuando volví a Oviedo en 2024, aquella etapa se interrumpió. Pero al regresar a Canarias en 2025 hice casi lo mismo otra vez: buscar un descapotable.
Mi idea inicial era un Audi TT Roadster de primera generación. Es de una época parecida, me gusta mucho más como diseño y, sobre el papel, es mejor coche.
Pero apareció un Golf Cabrio en Wallapop por unos 1.000 euros.
No era perfecto, y precisamente por eso me llamó la atención. Es de esas compras que durante años me ha costado dejar pasar: por ese dinero, ¿qué puede salir mal?
Normalmente, bastantes cosas.
Pero eso tampoco me ha detenido demasiadas veces. Algo parecido me pasó con el Citroën ZX que conseguí por 30 euros: a veces una oportunidad aparece antes que la necesidad de tener ese coche.
Supongo que dice bastante del tipo de coche que encaja conmigo aquí. El modelo cambia; la lógica, no tanto.
Parece un Golf IV, pero es un Mk3
Por fuera se acerca bastante a un Golf IV, pero en realidad es un Golf Mk3.5 Cabrio con restyling. Volkswagen ya había hecho lo mismo con el MK1 Cabrio, estirando su vida comercial hasta la llegada el Mk3 Cabrio en 1993
Y eso es parte de lo que me gusta.
Conserva la esencia de los cabrios antiguos de Volkswagen, pero con comodidades de finales de los noventa:
- elevalunas eléctricos;
- asientos calefactables;
- capota eléctrica.
No es un coche moderno, pero tampoco tiene la crudeza de un descapotable de los ochenta. Está justo en el punto que a mí me interesa.
Mis Golf anteriores explican por qué sigo con él
Hace más de veinte años tuve mi primer Golf Cabrio Mk1, de 1983. Después llegaron otras dos unidades, y también tuve dos Golf Mk3 VR6 en diferentes etapas.
Mi Cabrio actual no tiene nada que ver con aquellos VR6 en prestaciones, pero al conducirlo sigo encontrando cosas familiares: la posición, la sensación de llevar un Volkswagen de otra época, la forma de vivir un cabrio antiguo.
Probablemente por eso, cada vez que pienso en cambiarlo, termino encontrando alguna razón para conservarlo.
Es también una de las razones por las que sigo teniendo debilidad por determinados coches antiguos, algo que ya conté en Por qué sigo prefiriendo coches de otra época.
Por qué no lo restauro: el salitre
Podría gastarme miles de euros en pintura, tapicería, plásticos, gomas, llantas y pequeños detalles.
Pero vivo al lado del mar, y el salitre no entiende de restauraciones.
Gastar una cantidad importante en dejarlo perfecto para aparcarlo cada día en un ambiente que seguirá castigándolo no me compensa.
Tengo coches guardados en la península en mucho mejor estado, y precisamente por eso no tiene sentido traerlos para usarlos a diario.
Cambiaría un coche imperfecto que cumple su función por otro mejor conservado al que vería deteriorarse poco a poco. No veo la ventaja.
Es justo el tipo de dilema que aparece cuando decides entre comprar un coche para restaurar o uno ya terminado: dejarlo perfecto puede tener sentido, pero no necesariamente para cualquier uso.
Por qué me cuesta tan poco mantenerlo
Otro motivo por el que sigue teniendo sentido es lo poco que me exige económicamente:
- está pagado y no tengo financiación;
- no hay una depreciación que me preocupe;
- mis costes recurrentes son el mantenimiento que necesite, el seguro como coche clásico y la ITV.
Consume gasolina, y algún día habrá que reparar cosas porque tiene más de veinticinco años.
Pero no hay una cuota mensual recordándome que necesito justificar la compra.
Eso, para mí, pesa bastante.
Tener varios coches me ha obligado además a pensar bastante más allá del precio de compra. Seguro, ITV, mantenimiento y pequeños gastos se van acumulando, algo que expliqué en Cuánto cuesta realmente tener varios coches.
Soy fan de los TDI, pero mi coche diario es gasolina
Esto me resulta especialmente curioso.
Tengo varios diésel, he tenido muchos y para determinados usos me siguen pareciendo motores fantásticos.
Y, sin embargo, mi coche de diario es el único gasolina que tengo.
Porque el uso manda más que mi preferencia mecánica.
Ahorrar dos litros cada cien kilómetros importa mucho si haces 50.000 kilómetros al año. Importa bastante menos cuando tus recorridos son cortos.
En mi situación actual, el consumo deja de ser el centro de la decisión.
Mejor coche no significa mejor elección
Muchas veces pienso en cambiarlo.
Miro otro coche, hago números, vuelvo a mirar algún TT Roadster.
Y seguramente algún día lo cambie.
Pero siempre termino en la misma pregunta:
¿qué problema estoy intentando resolver?
Si el Cabrio sigue haciendo lo que necesito, cambiarlo sería en buena parte cambiar por cambiar.
Y eso también tiene un coste.
Un Audi TT puede ser superior en muchas cosas.
Uno de mis TDI puede consumir menos.
Un coche nuevo puede ofrecer más seguridad y más tecnología.
Pero ninguno de esos datos responde a la pregunta importante:
¿qué coche encaja mejor con mi vida ahora mismo?
Para mí, hoy, la respuesta sigue siendo un Golf Cabrio de 1999 barato, ruidoso, gastón y deteriorado.
Un clásico que puedo usar sin miedo
No tengo que tratarlo como una pieza de museo.
Puedo aparcarlo, dejarlo al sol, meter cosas dentro y usarlo sin pensar constantemente en si ha aparecido una marca nueva en la pintura.
Tiene suficientes defectos como para liberarme de intentar conservarlo perfecto.
Y, paradójicamente, eso hace que lo disfrute más.
Elegir coche es elegir qué defectos aceptas
No existe el coche perfecto.
Uno nuevo cuesta más y pierde valor. Uno viejo necesita mantenimiento. Uno potente consume. Uno pequeño tiene poco espacio. Uno grande puede ser incómodo para aparcar. Un clásico puede ser ruidoso y tener defectos.
La cuestión no es encontrar un coche sin inconvenientes, sino decidir cuáles estás dispuesto a aceptar.
Yo acepto que mi Cabrio sea ruidoso, que consuma más de lo que me gustaría, que estéticamente tenga mucho trabajo pendiente y que, viviendo junto al mar, nunca tenga demasiado sentido obsesionarme con dejarlo perfecto.
A cambio tengo un coche que me gusta, que me recuerda a los Volkswagen que he tenido durante más de veinte años, que puedo disfrutar casi todo el año y que cuesta muy poco mantener.
Tengo coches mejores, más cuidados, más eficientes y más adecuados para viajar.
Pero cumplen otra función.
El Golf Cabrio cumple esta: está aquí, me lleva donde necesito y puedo bajar la capota.
Y, pensándolo bien, ya había llegado a la misma conclusión cuando compré el New Beetle Cabrio en 2020.
Por eso sigo sin cambiarlo.
No porque sea perfecto, sino porque no necesita serlo.