La furgoneta de 500 € que se pagó en una semana

En marzo de 2020 compré una Ford Transit Connect por 500 euros. Era amarilla, había pertenecido a DHL y no tenía absolutamente nada de especial. La primera semana trabajando facturó 1.500 euros.

Ford Transit Connect amarilla comprada por 500 euros durante la pandemia
Esta Ford Transit Connect me costó 500 €. La primera semana trabajando facturó 1.500 €.

Contado así parece simplemente una de esas historias sobre comprar barato y sacar una buena rentabilidad.

Y lo fue.

Pero cuando recuerdo aquella furgoneta, curiosamente, los números no son lo primero que me viene a la cabeza.

19 de marzo de 2020

En el artículo sobre lo que aprendí después de más de 20 años trabajando por mi cuenta enseñé una Story que había publicado el 16 de marzo de 2020.

Tres días después grabé otra.

En esta aparecía una Ford Transit Connect amarilla que acababa de comprar por 500 euros.

Story de Instagram de la Ford Transit Connect amarilla trabajando durante los primeros días del confinamiento en marzo de 2020
19 de marzo de 2020. La Transit Connect de 500 € trabajando durante los primeros días del confinamiento. Esta Story sigue formando parte de mi archivo Furgoneteando 1 en Instagram.

La canción que acompañaba la Story era Tractor Amarillo. Con semejante color tampoco había que darle demasiadas vueltas.

Aquella imagen tiene hoy mucho más valor para mí que entonces. No porque aparezca una furgoneta que resultó ser un buen negocio, sino porque conserva un pequeño trozo de cómo fueron aquellas semanas.

Había trabajo que sacar adelante

Durante aquellos primeros días de la pandemia las redes de reparto estaban sometidas a una presión enorme.

La gente estaba en casa, muchas actividades se habían detenido y una parte importante de lo que necesitábamos tenía que llegar de alguna manera hasta allí.

En ese contexto apareció la oportunidad de ayudar a resolver el exceso de trabajo de una franquicia de MRW en Asturias.

Compré aquella Transit Connect por 500 euros y se puso a trabajar prácticamente inmediatamente.

La primera semana facturó unos 1.500 euros. Según recuerdo, después de descontar los costes de explotación de aquellos seis días, el margen ya había superado los 500 euros que había pagado por ella.

Había costado 500 €. Durante su primera semana trabajando facturó aproximadamente tres veces su precio de compra.

Pero hay un detalle que probablemente describe mejor aquellos días que cualquier cifra.

La furgoneta era amarilla y había trabajado antes para DHL. Yo aparecí para trabajar en MRW vestido con unos pantalones de GLS y una sudadera de SEUR.

Una especie de selección española de la paquetería.

MRW decidió solucionarlo rápidamente y me dio un uniforme nuevo.

Durante un tiempo el dinero pasó a segundo plano

Evidentemente aquello seguía siendo una empresa. Había nóminas, combustible, vehículos, reparaciones y facturas que pagar.

Pero recuerdo las primeras semanas de la pandemia de una manera diferente a cualquier otra época de mis años en transporte.

Todo esfuerzo parecía poco.

Compramos más vehículos, organizamos recursos como pudimos y trabajamos para ayudar a absorber una demanda que había cambiado prácticamente de un día para otro.

Las carreteras estaban casi vacías. Las ciudades también. Y quienes seguíamos trabajando en determinadas actividades nos movíamos por un escenario que hasta unos días antes habría parecido imposible.

Había tensión, incertidumbre y muchísimo trabajo, pero también una sensación difícil de explicar de estar haciendo algo que en ese momento hacía falta.

Hay épocas que puedes explicar con cifras. Otras había que vivirlas para entenderlas.

Quizá por eso recuerdo aquellos días con una intensidad especial.

Después siguió siendo una herramienta de trabajo

La ayuda puntual a MRW duró aproximadamente dos semanas.

Después la Transit siguió trabajando.

Hizo repartos para Envialia y GLS y terminó permaneciendo unos nueve meses con nosotros.

En condiciones normales podía facturar alrededor de 120 euros al día y, según recuerdo, dejaba unos 400 euros netos al mes después de pagar sus gastos y al chófer.

No puedo reconstruir hoy hasta el último euro que costó mantener aquella furgoneta. El mantenimiento de la flota se hacía conjuntamente en dos talleres y, seis años después, no tendría sentido inventarme una cifra para conseguir un cálculo bonito.

Probablemente no llegó a 1.000 euros en mantenimiento durante aquellos meses, pero prefiero quedarme con los datos que sí puedo reconstruir.

Compra: 500 € · Primera semana: 1.500 € facturados · Tiempo trabajando: unos 9 meses · Venta averiada: 400 €

Es un buen ejemplo de algo que he comprobado muchas veces con vehículos de trabajo: el precio de compra importa, pero lo verdaderamente importante es lo que cuesta realmente un vehículo barato cuando empiezas a utilizarlo y, sobre todo, su capacidad para producir mientras lo tienes.

Hasta que un día dijo basta

La historia terminó unos nueve meses después.

La Transit sufrió una avería de culata en autopista y dejó de tener sentido seguir invirtiendo dinero en ella.

Un taller se quedó con la furgoneta averiada por 400 euros.

Había entrado por 500.

Había trabajado durante nueve meses.

Y salió averiada por 400.

Si además intentara calcular todo lo que produjo durante ese tiempo podría sacar una cifra de rentabilidad muy llamativa. Pero sería engañarme a mí mismo: no conservo una contabilidad individual suficientemente detallada de aquel vehículo como para hacerlo con rigor.

Y tampoco creo que haga falta.

No todas las buenas compras empiezan buscando una ganga

Cuando empecé en el transporte con una furgoneta alquilada, cada decisión estaba condicionada por una pregunta muy sencilla: cuánto dinero tenía que poner y cuánto tardaría aquello en devolverlo.

Muchos años después seguía aplicando una lógica parecida.

La Transit costaba poco, existía una necesidad inmediata y podía ponerse a producir desde el primer momento.

No necesitaba ser bonita. No necesitaba durar diez años. Ni siquiera necesitaba ser una compra perfecta.

Necesitaba resolver un problema.

Y lo resolvió.

Con los números delante, aquella Transit Connect fue probablemente una de las compras más rentables que hice.

Pero curiosamente no recuerdo aquella furgoneta por el dinero que produjo.

La recuerdo amarilla, trabajando por carreteras prácticamente vacías, en unas semanas en las que dejamos de medir muchas cosas solamente en dinero.

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