Durante muchos años mi trabajo consistió en tomar decisiones.
Decidir qué hacer. Qué comprar. Qué aceptar. Qué rechazar. Cómo resolver un problema. Y, sobre todo, asumir las consecuencias cuando la decisión era equivocada.
Después pasé al otro lado.
De trabajar por mi cuenta y dirigir negocios a volver a ser empleado.
Sobre el papel parece simplemente un cambio en la forma de ganarse la vida.
En realidad cambia muchas más cosas.
Pasar de empresario a empleado no cambia solamente quién paga tu nómina. Cambia tu relación con el riesgo, el tiempo, la responsabilidad y el trabajo.
Cuando eres empresario el trabajo nunca termina del todo
Puedes cerrar una puerta.
Puedes apagar el ordenador.
Incluso puedes irte de vacaciones.
Pero es mucho más difícil apagar la empresa.
Siempre hay algo pendiente.
Un cliente. Una factura. Una avería. Un empleado. Un proveedor. Un cobro. Un problema que probablemente aparecerá mañana.
La empresa no necesita que estés físicamente trabajando para seguir ocupando espacio en tu cabeza.
Esa parte del trabajo resulta difícil de medir.
Un empleado vende tiempo de una forma mucho más clara
Como empleado, la relación es diferente.
Existe un horario.
Existe una responsabilidad determinada.
Y existe una cantidad conocida de dinero que recibes a cambio.
Evidentemente pueden existir problemas, estrés y responsabilidades.
Pero la relación entre tiempo y dinero es mucho más visible.
Trabajas unas horas.
Cobras una cantidad.
La empresa puede ganar mucho más con tu trabajo.
También puede perder dinero.
Pero ese riesgo ya no es principalmente tuyo.
La seguridad tiene un precio
Una nómina tiene algo tremendamente atractivo: previsibilidad.
Sabes aproximadamente cuánto dinero entrará.
Puedes organizar gastos.
Puedes ahorrar.
Puedes hacer planes con bastante más facilidad.
Cuando tienes una empresa, un mes puede ser extraordinario y el siguiente completamente diferente.
La posibilidad de ganar más existe.
Pero también la de ganar menos.
O perder.
El salario limita parte del potencial. Pero también elimina una parte importante de la incertidumbre.
Lo difícil es dejar de decidirlo todo
Probablemente esta sea una de las diferencias que más cuesta entender hasta que la experimentas.
Cuando durante años estás acostumbrado a decidir cómo se hacen las cosas, resulta extraño entrar en una estructura donde muchas decisiones ya están tomadas.
Hay procedimientos.
Jerarquías.
Normas.
Y decisiones que quizá tú tomarías de otra manera, pero que sencillamente no te corresponden.
Esa diferencia se nota especialmente cuando aparece una tecnología nueva. Lo estoy viendo ahora con la inteligencia artificial y lo conté en por qué una gran empresa y un emprendedor adoptan IA a velocidades tan diferentes .
Eso requiere un aprendizaje diferente.
No consiste en dejar de pensar.
Consiste en entender hasta dónde llega tu responsabilidad.
También descubres cómo se ve una empresa desde el otro lado
Haber sido empresario cambia inevitablemente la manera de observar una empresa como trabajador.
Algunas decisiones que desde fuera parecen absurdas empiezan a tener una explicación.
Costes.
Productividad.
Márgenes.
Organización.
Responsabilidades que alguien tiene que asumir.
Pero también ocurre lo contrario.
Empiezas a entender mejor algunas frustraciones que puede sentir un trabajador cuando las decisiones se toman lejos del lugar donde realmente se ejecuta el trabajo.
Haber estado en los dos lados cambia bastante la perspectiva.
El valor de una hora cambia
Cuando trabajas por tu cuenta, es fácil dejar de contar las horas.
Si hay que terminar algo, se termina.
Si aparece un problema, se resuelve.
El sábado puede convertirse en lunes sin demasiada dificultad.
Cuando vuelves a tener un horario definido, empiezas a observar el tiempo de otra manera.
Y eso conecta con algo de lo que hablaba en después de los 40 empiezas a valorar el tiempo de otra manera .
El dinero importa.
Pero las horas también tienen un precio.
Facturar mucho no significa necesariamente ganar mucho
Esta es otra diferencia importante.
Desde fuera una empresa puede mover cantidades de dinero que parecen enormes comparadas con una nómina.
Pero facturación no es beneficio.
Y beneficio tampoco significa necesariamente dinero disponible para el empresario.
Vehículos. Combustible. Seguros. Personal. Impuestos. Reparaciones. Instalaciones. Proveedores.
El dinero puede entrar por una puerta y salir rápidamente por muchas otras.
Una nómina puede parecer pequeña comparada con determinadas cifras empresariales.
Pero son números que representan cosas completamente diferentes.
El riesgo también tiene un precio
Cuando una empresa funciona bien, asumir riesgo parece una decisión brillante.
Cuando funciona mal, el mismo riesgo adquiere otra apariencia.
Esa es una de las razones por las que comparar solamente los ingresos de un empresario y un empleado suele tener poco sentido.
Uno puede tener un techo económico mucho más alto.
Pero también un suelo mucho más bajo.
La diferencia está en todo lo que ocurre entre esos dos extremos.
Ser empleado tampoco significa dejar de construir
Esta quizá sea la idea que más ha cambiado para mí.
Durante mucho tiempo asocié construir casi exclusivamente con tener una empresa.
Crear algo.
Hacerlo crecer.
Reinvertir.
Volver a empezar.
Pero tener una nómina no impide construir.
De hecho, vender parte de mi actividad tampoco hizo que dejara de pensar de esa manera. Lo expliqué con más detalle en Vendí mi empresa. No dejé de ser empresario .
Simplemente cambia la herramienta.
Puedes utilizar estabilidad para ahorrar.
Puedes construir patrimonio.
Puedes aprender.
Puedes desarrollar proyectos.
Y puedes utilizar una parte de tu tiempo para crear cosas que no necesitan pagar tus facturas desde el primer día.
No todo tiene que convertirse inmediatamente en un negocio
Cuando has vivido durante años buscando oportunidades, resulta muy fácil mirar cualquier idea preguntándote cuánto dinero puede producir.
A veces demasiado pronto.
En mi caso, el problema a veces ni siquiera es convertir una idea en negocio, sino evitar empezar otra antes de terminar las anteriores. De eso hablo en Me cuesta no empezar otro proyecto .
Tener una fuente de ingresos estable permite hacer algo que puede ser muy valioso.
Dar tiempo a una idea.
Probar.
Aprender.
Equivocarte sin que cada error tenga consecuencias inmediatas sobre tus ingresos.
Eso también es una forma de capital.
Hay cosas de ser empresario que se echan de menos
La autonomía probablemente sea una de ellas.
Poder decidir.
Cambiar algo porque crees que puede funcionar mejor.
Asumir una apuesta y comprobar si estabas en lo cierto.
También existe una satisfacción particular cuando algo que has construido funciona.
Es difícil sustituirla completamente.
Y hay cosas que no se echan de menos en absoluto
La incertidumbre constante.
Algunos problemas que aparecen fuera de horario.
Tener dinero invertido en cosas que pueden dejar de funcionar mañana.
O la sensación de que siempre existe algún asunto que todavía no está completamente resuelto.
Con el tiempo también aprendes que no todo lo que abandonas es una pérdida.
A veces estás comprando tranquilidad.
No creo que exista un lado correcto
Ser empresario no es automáticamente mejor que ser empleado.
Ni trabajar para alguien significa necesariamente haber renunciado a algo.
Son formas diferentes de intercambiar tiempo, riesgo, responsabilidad y dinero.
Y probablemente haya momentos de la vida donde una tenga más sentido que la otra.
Eso también forma parte de algo más amplio que estoy viviendo: cambiar de vida sin empezar de cero . Una etapa distinta no obliga a borrar todo lo aprendido en la anterior.
El problema aparece cuando convertimos cualquiera de las dos en una cuestión de identidad.
El trabajo es una herramienta
Esta es probablemente la conclusión que más me interesa conservar.
Un trabajo no tiene por qué definir quién eres.
Tampoco una empresa.
Ambos pueden ser herramientas para construir la vida que quieres alrededor.
Dinero.
Patrimonio.
Experiencias.
Proyectos.
O simplemente tranquilidad.
Quizá el error sea esperar que nuestra forma de trabajar tenga que ser la misma durante toda la vida.
Pasar de empresario a empleado no significa necesariamente haber dado un paso hacia atrás.
A veces simplemente estás aprendiendo a construir desde otro sitio.