Lo que utilizo de verdad en mi Thermomix TM6 y por qué no necesito la última

Tengo una Thermomix TM6. La utilizo habitualmente, me permite preparar muchos de los platos que hago en casa y sigue cumpliendo perfectamente la función para la que la compré.

Y sí, sé que existe la TM7.

Lleva tiempo en el mercado y es el modelo más nuevo. Pero sigo teniendo mi TM6.

No porque no me interese la tecnología ni porque piense que una generación nueva no pueda mejorar cosas. Simplemente porque cada vez tengo más clara una idea:

Que exista algo mejor que lo que tienes no significa que necesites cambiar lo que ya tienes.

Thermomix TM6 con sus accesorios en una cocina
Mi TM6 ya no es el último modelo. Sigue siendo, sin embargo, la máquina con la que cocino y que hace lo que necesito.

Sigo con una TM6 aunque ya existe la TM7

Cuando aparece una generación nueva de cualquier producto es muy fácil empezar a mirar el que tienes de otra manera.

Ayer funcionaba perfectamente.

Hoy presentan el nuevo y, de repente, parece antiguo.

El aparato no ha cambiado. Lo que ha cambiado es nuestra percepción.

Con mi Thermomix podría haber entrado perfectamente en esa dinámica. La TM7 es posterior, incorpora cambios y es normal que quien vaya a comprar una Thermomix nueva valore el modelo actual.

Pero mi situación es diferente.

Yo ya tengo una TM6.

Por tanto, mi pregunta no es cuál es la Thermomix más nueva.

Mi pregunta es: ¿qué problema me resuelve cambiar mi TM6 que ahora mismo no tenga resuelto?

Y mientras no encuentre una respuesta suficientemente buena, no siento ninguna necesidad de cambiarla.

Mi Thermomix no está en la cocina de exposición

La utilizo.

Y probablemente eso sea lo más importante para valorar cualquier aparato que tenemos en casa.

En mi caso ha terminado encajando especialmente bien en una forma de cocinar bastante práctica: quiero comer bien sin tener que dedicar toda la tarde a la cocina.

Pollo al curry, pavo al limón, carrilleras o una crema de calabacín son algunos ejemplos del tipo de platos para los que realmente la utilizo.

Podría hacerlos perfectamente sin Thermomix.

La diferencia es que con ella puedo controlar tiempos y temperaturas, dejar parte del proceso funcionando y obtener resultados bastante repetibles sin estar continuamente pendiente.

Para mí, el valor de una herramienta no está en lo nueva que sea. Está en cuánto la utilizo y cuánto trabajo me ahorra.

Lo que más utilizo es precisamente lo más básico

Después de usarla, tampoco he descubierto que necesite veinte accesorios para sacarle partido.

El vaso, las cuchillas y las funciones básicas hacen la inmensa mayoría del trabajo que necesito.

Picar. Triturar. Remover. Cocinar controlando tiempo y temperatura.

Una crema es probablemente uno de los mejores ejemplos.

Preparas los ingredientes, cocinas y terminas triturando en el mismo recipiente.

Menos utensilios. Menos vigilancia. Y menos cosas que limpiar después.

La cocina guiada también ha terminado teniendo sentido para mí

Otra de las cosas que utilizo es la posibilidad de seguir una receta directamente desde la máquina.

No necesito memorizar cantidades, temperaturas y tiempos.

Voy siguiendo los pasos y la propia TM6 se ocupa de buena parte del proceso.

Pero hay algo que ocurre después de repetir una receta varias veces: empiezas a hacerla tuya.

Cambias una cantidad. Pones menos de un ingrediente. Pruebas otra carne. Modificas una parte.

Al final la máquina deja de ser simplemente algo que te dice cómo cocinar y se convierte en una herramienta que ya sabes utilizar a tu manera.

El Varoma me resulta útil, pero no necesito utilizarlo todos los días

El Varoma es uno de esos accesorios que tienen una función clara.

Permite cocinar al vapor y aprovechar una preparación para hacer varias cosas al mismo tiempo.

Cuando una receta lo necesita, tiene sentido.

Pero tampoco busco recetas expresamente para justificar que lo tengo.

Lo utilizo cuando aporta algo. El resto del tiempo puede quedarse guardado.

Con el cestillo me ocurre algo parecido

No es algo en lo que piense cuando hablo de las ventajas de tener una Thermomix.

Pero cuando una preparación lo necesita, hace exactamente el trabajo para el que está diseñado.

Y ese tipo de accesorio me gusta especialmente: sencillo, útil y sin necesidad de complicar más las cosas.

La mariposa la utilizo bastante menos

No todo lo que viene con una máquina tiene que tener el mismo uso.

La mariposa, por ejemplo, depende mucho más del tipo de cocina que hagas.

Para determinadas preparaciones puede ser muy útil.

En mi cocina habitual simplemente tiene menos protagonismo.

Y no pasa nada.

No necesito inventarme usos para justificar que un accesorio exista.

Después aparecen todos los accesorios que podrías comprar

Aquí es donde la Thermomix se parece a casi cualquier otro producto alrededor del que existe un ecosistema.

Accesorios. Organizadores. Complementos. Recipientes. Cortadores. Protectores. Utensilios específicos.

Algunos pueden ser fantásticos.

Pero que algo sea útil no significa necesariamente que sea útil para mí.

Es una distinción que cada vez intento aplicar más a todo lo que compro.

Primero quiero tener el problema. Después compro la solución. Intento no hacerlo al revés.

Una segunda jarra podría ser fantástica… y aun así no necesitarla

Un segundo vaso es un ejemplo perfecto.

Si cocinas mucho y encadenas preparaciones, tener otro preparado puede resultar comodísimo.

Eso es indiscutible.

Pero antes de comprarlo prefiero hacerme otra pregunta:

¿Cuántas veces durante los últimos meses he pensado realmente que necesitaba un segundo vaso?

Si la respuesta es casi nunca, que el accesorio exista no cambia demasiado mi vida.

La misma lógica que aplico a los accesorios la aplico a la TM7

Y aquí es donde ambas cosas terminan conectando.

Podría mirar todos los cambios de la TM7 y buscar razones para quererla.

Pero prefiero hacerlo al revés.

Primero miro mi TM6 y me pregunto qué echo en falta.

Si la respuesta es nada importante, la existencia de un modelo posterior no crea por sí sola una necesidad.

Esto no significa que nunca vaya a cambiarla.

Si algún día mi TM6 deja de funcionar, mis necesidades cambian o una generación posterior aporta algo que realmente marque una diferencia para mi forma de cocinar, volveré a hacer las cuentas.

Pero cambiar simplemente porque existe la siguiente me parece una razón bastante pobre para gastar dinero.

No siempre tener lo último significa tener lo mejor para ti

Esto va mucho más allá de una Thermomix.

Pasa con los teléfonos. Los ordenadores. Los coches. Las televisiones. Las herramientas.

Cada nueva generación tiene que conseguir que la anterior parezca vieja. Es parte de cómo funciona el mercado.

Pero nosotros no tenemos por qué seguir el mismo calendario que los fabricantes.

Podemos utilizar algo hasta que deje de cumplir su función, hasta que repararlo no tenga sentido o hasta que exista una mejora que realmente justifique el coste.

Eso también forma parte de las cosas que he dejado de comprar después de los 40 .

Cada vez me interesa menos sustituir cosas que funcionan simplemente para volver a tener la última versión.

¿Volvería a comprar una Thermomix?

Sí.

No porque piense que sea imprescindible para cocinar bien.

Tampoco porque sustituya todo lo demás que hay en una cocina.

La tendría porque encaja con mi forma de cocinar.

Me permite preparar platos que me gustan, repetirlos fácilmente y dedicar menos atención al proceso.

Para mí ahí está el valor.

Y de momento sigo con mi TM6

No es la última Thermomix.

Eso es un dato.

Pero sigue haciendo las cosas para las que la necesito.

Y eso, para mí, pesa bastante más.

Tener algo nuevo produce una satisfacción inmediata. Conseguir que algo bueno te siga resultando útil durante años produce otra bastante distinta.

Mi TM6 ya tiene sucesora. No por eso ha dejado de cocinar.

Seguiré utilizando sus funciones y los accesorios que realmente necesito. Y si algún día tengo una razón suficientemente buena para cambiarla, cambiaré.

Hasta entonces, prefiero que el dinero para comprar lo último siga teniendo otro trabajo.

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