Tener demasiadas ideas parece una ventaja hasta que toca decidir cuál merece tu tiempo. Mi problema nunca ha sido encontrar proyectos: es saber cómo priorizar cuando varios me parecen importantes a la vez.
Durante años he empezado negocios, comprado coches para proyectos, creado webs y abierto frentes nuevos porque veía posibilidades en casi todo.
El resultado es previsible: puedes estar ocupado todo el tiempo y aun así terminar menos de lo que esperabas.
No tengo un sistema perfecto, pero sí un método que me funciona mejor que los anteriores: separar lo que me apetece empezar de lo que realmente merece que lo termine.
Por qué tener demasiadas ideas se convierte en un problema
Nunca me ha costado empezar cosas. Mi problema es el contrario.
Cuando algo me interesa puedo dedicarle horas, buscar información, aprender cómo funciona y avanzar muchísimo en muy poco tiempo. Al principio hay curiosidad, novedad y posibilidades.
Lo difícil llega después: cuando el proyecto ya existe y toca hacer las partes aburridas, cuando aparece otra idea y, sobre todo, cuando para avanzar en una cosa tengo que aceptar que otras se quedan esperando.
Empezar tiene una recompensa inmediata. Terminar significa seguir cuando la novedad ya ha desaparecido, corregir errores y esperar resultados mientras otras ideas reclaman atención.
Es una tendencia que llevo tiempo intentando corregir. Ya escribí sobre ello en dejar de empezar cosas también es avanzar .
¿Qué podría empezar ahora? o ¿qué merece que lo termine?
La primera pregunta siempre tiene respuesta. La segunda me resulta bastante más útil.
Más proyectos abiertos no significa avanzar más
Puedo tener diez proyectos activos, pero sigo teniendo las mismas horas. Cada proyecto nuevo no crea tiempo: lo reparte.
Y no se trata solamente de proyectos. Con el tiempo he entendido que tener demasiadas cosas cuesta más que dinero . Con los proyectos ocurre algo parecido: cada uno ocupa una parte de tu atención incluso cuando aparentemente no estás trabajando en él.
Con las webs lo veo especialmente claro. Podría mejorarlas todas a diario: revisar artículos, buscar ideas nuevas, cambiar diseños o mirar estadísticas varias veces al día.
Estaría ocupado durante meses. Pero estar ocupado no es lo mismo que avanzar.
Lo mismo ocurre con un coche que espera una reparación, una idea de negocio que nunca termina de arrancar o cualquier otro proyecto que permanece abierto durante meses.
Mantener un proyecto abierto también tiene un coste, aunque ese coste no aparezca en ninguna cuenta bancaria. Consume tiempo, espacio, dinero o simplemente atención.
Cómo priorizar: mi método en cinco pasos
No es un método universal de productividad. Son filtros que utilizo para evitar convertir cada idea nueva en otra obligación.
1. Saco la idea de mi cabeza
Que se me ocurra algo no significa que tenga que hacerlo ahora. Puedo apuntarlo, guardarlo y volver a mirarlo dentro de unas semanas o unos meses.
Una idea no desaparece porque no empiece a ejecutarla inmediatamente.
2. Miro lo que ya tengo abierto
Antes de empezar algo nuevo intento hacerme una pregunta:
Si dedicara estas mismas horas a algo que ya he empezado, ¿qué podría terminar?
No siempre hace que descarte el proyecto nuevo. Pero me obliga a comparar la emoción de empezar con el valor de terminar.
3. Paso la idea por tres filtros
El primero es preguntarme si ya existe alguna señal real.
Puede ser tráfico, clientes, ingresos, interés de otras personas o cualquier resultado que demuestre que la idea tiene algún recorrido. Una señal real pesa más que muchas horas imaginando lo que podría pasar.
El segundo filtro es preguntarme si terminarlo cambia algo. Hay tareas que pueden mantenerme ocupado durante horas sin modificar realmente el resultado.
Me interesan más las que permiten cerrar una etapa, publicar, vender, poner algo a funcionar o desbloquear el siguiente paso.
Y el tercero es bastante sencillo: ¿seguiría eligiendo este proyecto si ya hubiera desaparecido la emoción de empezarlo?
Muchas ideas son irresistibles durante sus primeras horas. Si siguen teniendo sentido cuando pasa la novedad, merecen una segunda mirada.
4. Elijo una prioridad por periodo, no para siempre
Durante mucho tiempo confundí priorizar con tomar una decisión definitiva.
No necesito saber qué será lo más importante dentro de cinco años. Me basta con decidir qué va primero esta semana, este mes o durante los próximos tres meses.
La forma en la que valoro esas horas también ha cambiado con los años. Ya conté por qué después de los 40 he empezado a valorar el tiempo de otra manera .
Después puedo revisar la decisión.
5. Cierro lo que no funciona
Cerrar no siempre significa terminar con éxito.
A veces significa vender. A veces pausar. Y otras veces reconocer que algo ya no merece más tiempo.
Incluso vender perdiendo dinero puede ser una buena decisión si mantener algo abierto consume más recursos de los que merece.
Recuperar horas, dinero o atención de algo que no funciona también es una forma de avanzar.
Dejar que los datos descarten ideas
Una parte de mi trabajo actual consiste en desarrollar distintos proyectos digitales y automatizar buena parte de su funcionamiento.
Algunos tienen enfoques completamente diferentes. VigorLab, por ejemplo, está centrado en bienestar masculino. Narevoa trabaja sobre hábitos, organización y desarrollo personal. Furgonexo gira alrededor de las furgonetas y el mundo camper. Y Tiveroa tiene una función distinta: explorar muchas preguntas y temas para descubrir dónde empieza a aparecer interés.
Lo interesante es que me obligan a resolver exactamente el problema del que estoy hablando.
Podría dedicar el mismo tiempo a todos. Pero sería exactamente lo contrario de priorizar.
Así que publico, espero y observo.
No necesito miles de visitas para empezar a aprender. Miro qué artículos reciben impresiones, con qué búsquedas aparecen, si mejoran posiciones y si empiezan a repetirse señales alrededor de un mismo problema.
Y ya estoy viendo diferencias.
En ADR Works han empezado a aparecer señales alrededor del patrimonio, el colchón financiero, el dinero y el coste de tener varios coches. Una de las páginas que decidí reforzar fue tener dinero no es lo mismo que tener patrimonio .
En Narevoa, en cambio, las primeras señales se están concentrando alrededor de prioridades, tareas pospuestas, saturación y motivación.
De hecho, este artículo nace en parte de ahí.
En lugar de intentar mejorar cien artículos porque existen, vuelvo sobre aquello que ya ha conseguido alguna señal. Intento responder mejor a la búsqueda, aportar mi experiencia cuando realmente tengo algo que contar y dejo que el resto siga acumulando datos.
La máquina puede explorar muchas posibilidades. Yo no necesito dedicar mi atención a todas.
Si algo responde, recibe más recursos. Si no responde, puede seguir funcionando con poco esfuerzo, reducir su ritmo o quedarse esperando.
Los datos no deciden todo por mí. Pero cuando tengo demasiadas posibilidades, eliminan buena parte de la discusión interna.
Automatizar para proteger la atención
Cada vez automatizo más cosas. No solo para ahorrar tiempo o dinero, sino para no estar pendiente de tareas que una máquina puede ejecutar sin mí.
Es algo que ya expliqué con más detalle en delegar en personas o en máquinas : no todo lo que puedo hacer personalmente necesita que sea yo quien lo haga.
Si una máquina puede publicar, ordenar información o ejecutar una tarea repetitiva, mi atención puede quedarse disponible para las decisiones en las que sí aporto algo.
La atención se ha convertido para mí en un recurso mucho más escaso que las ideas.
Ideas voy a seguir teniendo. Tiempo, no.
Priorizar no es abandonar las demás ideas
Esta es la parte que más me cuesta aceptar. Elegir una prioridad puede sentirse como renunciar a todo lo demás, pero no tiene por qué serlo.
Una idea puede esperar. Un coche puede quedarse parado unos meses. Una web puede seguir funcionando sin que la toque cada día. Y lo que hoy no es prioritario puede volver a serlo más adelante.
Lo importante es que durante un periodo haya algo que vaya primero.
Porque si todo es prioritario, nada lo es.
Ahora me interesa menos demostrar cuántas cosas soy capaz de empezar y más decidir cuáles merecen convertirse en algo terminado.
El tiempo no aumenta cuando aparece una idea nueva. Lo único que aumenta es el número de cosas entre las que tengo que elegir.
Si también te ocurre que empiezas cosas más rápido de lo que consigues terminarlas, quizá el siguiente paso no sea buscar un sistema más complicado.
Puede ser simplemente dejar de empezar cosas durante un tiempo y terminar alguna de las que ya tienes .